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Despertar Precoz

Despertar precoz

Muchas personas experimentan alguna vez el despertar precoz. El ser incapaz de mantener los ojos cerrados hasta que suene el despertador. ¿Por qué ocurre esto? Y, ¿hay de qué preocuparse? La respuesta a esta segunda pregunta es: DEPENDE.

Si este despertar precoz se sincroniza con la hora planeada para levantarnos… O al menos acontece poco antes… Esto es consecuencia de una respuesta fisiológica dentro de la normalidad.

Durante las últimas fases de sueño, se liberan algunas hormonas relacionadas con el estrés. Un estudio de 1999 constató que la adrenocorticotropina (o ACTH) mostraba niveles superiores en sangre cuando esperamos despertarnos a una hora. Por ello, aunque variaciones de genes hacen que este “despertador” no esté en todas las personas, podríamos considerarlo normal.

De todos modos, el funcionamiento de este mecanismo nos ayuda a entender el origen de un tipo de insomnio. Es el despertar precoz. Se da cuando encadenamos hasta un mes de dificultades para mantener el sueño. Aunque nos quedemos inicialmente dormidos con facilidad. Debemos considerar en este caso que nuestro sueño no es reparador. Y que estamos ante un cuadro de insomnio.

Si sientes que pierdes el control sobre tus pensamientos, sueñas más de lo habitual, te despiertas a medianoche y no vuelves a conciliar el sueño… Puede que estés padeciendo insomnio por despertar precoz. La buena noticia es que en principio, el remedio al despertar precoz suele ser poco complejo.

El despertar precoz es uno de los “insomnios secundarios”. Los provocados por otro primer trastorno; en este caso, del plano emocional. Depresión melancólica, ansiedad o estrés pueden ser los cuadros que preceden nuestro despertar precoz. Ellos generan esa respuesta hormonal que, nuestro cuerpo interpreta como preludio al despertar.

La manera más efectiva de lidiar con el despertar precoz es trabajar sobre nuestras emociones. Con terapia o con técnicas de relajación. Nuestras recomendaciones básicas cuando se produce el despertar son:

-Evitar encender cualquier tipo de luz. Cerrar bien persianas y cortinas. Y no mirar la hora. De ese modo podremos imaginar que es temprano y queda mucho. Con lo que psicológicamente es más fácil “permitirnos” volver a cerrar los ojos.

-Evitar levantarnos de la cama (salvo que debamos ir al baño) y no realizar ningún tipo de actividad. Aunque sea muy tentador matar el rato de alguna forma sólo conseguiremos despejarnos más. Y dificultar el volver a quedarnos dormidos.

– Poner en práctica técnicas de respiración y parada mental (ver post anterior: “¿Cómo poner nuestra mente en blanco?”).

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